Don Julio Grondona, “el padrino”



En su lugar, aparecerán bien rápido los que pretendan legitimar su derecho a heredar el pesado ropaje del muerto. Dios los libre.

No es fácil gobernar este país en sus diversas instancias y el fútbol, menos que ninguna. Grondona lo hizo desde 1979 hasta ayer, día de su muerte, durante 35 años, con un estilo paternalista y caudillesco y con aires de padrino. Por algo, empezó a ser Don Julio y a él concurrían sus “ahijados”, para besarle la mano y pedirle favores.

A cambio de eso, “el padrino” sólo pedía que levantaran la mano cada vez que fuera necesario cumplir con alguno de los trámites que exigía la burocracia reglamentaria para legitimar las decisiones que tomaba él.

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Las reuniones del Comité Ejecutivo eran muy ejecutivas; las asambleas, un trámite formal para aprobar todo lo actuado, a libro cerrado, y acto seguido elegir a Don Julio por un período más.

Esta mirada alejada hace tiempo de los pasillos de la casona de calle Viamonte al 1300 en la hoy denominada Ciudad Autónoma de Buenos Aires (pero conocedora de los negocios, alianzas y complicidades que se tejieron allí, todas con conocimiento de Don Julio) no puede soslayar que Grondona llegó al sillón de la AFA de la mano de la dictadura más feroz que haya padecido Argentina en toda su historia.

Es posible conjeturar que también fue vicepresidente de la Fifa gracias a su relación con el brasileño João Havelange, un amigo dilecto de los militares argentinos y en particular del célebre presidente del ente organizador del Mundial 1978, el contralmirante Carlos Alberto Lacoste.

Pero Grondona puso sus habilidades y pertinencias en el manejo de la conducción del fútbol, primero en Arsenal, luego en la AFA y, fundamentalmente, en todo el ámbito sudamericano. La Fifa vio en él a un dirigente cuya seguridad y ubicación provenían de un aprendizaje vivencial y profundo del oficio.

Por lo demás, con él al frente, el fútbol argentino cosechó éxitos resonantes que hoy lo tienen ubicado entre las potencias de ese deporte a nivel mundial. Mucho tuvo que ver en esos logros la aparición del genial Diego Armando Maradona, que hizo felices algunas de nuestras madrugadas en épocas nefastas, llevando a Argentina a su primer título mundial juvenil en Japón 1979 y luego, al segundo Campeonato Mundial de mayores en México 1986.

Grondona olfateó a José Pekerman cuando llegó a la AFA como un perfecto desconocido con su carpetita bajo el brazo y lo puso al frente de los seleccionados juveniles que, con sus numerosos títulos, contribuyeron a consolidar la posición del fútbol argentino en el concierto mundial, lo mismo que los dos títulos olímpicos (2004 y 2008).

Comprendió también, mucho antes que sus pares, la necesidad de ampliar la participación del fútbol del interior en los torneos de AFA, reducidos a una competencia de tres meses por año con los campeonatos Nacionales ideados por Valentín Suárez en 1967. Lo hizo a su modo, con una polémica resolución, la 1309, que provocó una crisis terminal a la Liga Cordobesa de Fútbol, que resistió la incorporación de Talleres al Campeonato Metropolitano hasta que fue intervenida por el gobierno militar. Por casualidad, otros dos equipos cordobeses siguieron los pasos de Talleres: Instituto y Racing.

La distorsión impuesta por la 1309, sin embargo, abrió un surco por el que el interior pudo encauzar sus protestas para conseguir, por fin, torneos que, en un largo proceso, fueron encadenándose con el Campeonato de Primera División hasta alcanzar la configuración que tienen hoy.

Hay también muchas sombras en la gestión que hoy termina con la muerte de su líder. Una de ellas, quizá la peor, es la que nos pone en la ridícula situación de no permitir la concurrencia a los partidos de fútbol de los hinchas visitantes. Las barras bravas siguen siendo un flagelo al que nunca se combatió con decisión.

Los clubes quebrados, administrados sin control y necesitados en forma permanente de ayuda económica para subsistir, constituyen otro cuadro doloroso de la gestión Grondona, sobre todo por su contraste con las arcas florecientes que exhibe la AFA. 

Murió Grondona. Por un tiempo, la AFA y el fútbol argentino sentirán la ausencia del “padrino”. Es deseable que, pasado un lapso probablemente tormentoso, los nuevos dirigentes encuentren un camino más democrático y transparente para manejar el negocio del fútbol.

Fuente: Mundo D

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